La Picaresca Intelectual Española

 

Las redes sociales de internet nos hacen revivir nuestra tradición picaresca. Simbolizada por el pícaro de la novela de ese tal Anónimo (que lejos de ser un filósofo romano, es la manera de denominar en una obra literaria cuando no se conoce el nombre del autor), nuestro Lazarillo hoy en día probablemente usaría su astucia para conseguir algo que echarse al disco duro sin dar un palo al agua, haciendo honor a las reglas de la picaresca española heredadas, quizá, de cuando España fue el imperio donde no se ponía el sol y donde trabajar era una deshonra. Probablemente tendríamos que hacer unas constelaciones familiares a la nación para analizar de donde viene esa herencia genético-cultural que hoy en día sigue sin extinguirse y que nos hace ser ante el mundo tan divertidos como caraduras. ¿Será porque vivimos en la frontera? ¿Estamos en el límite del bien? ¿Somos unos chorizos? 

Toda novela picaresca responde a un patrón que la hace meritoria de tal denominación. El protagonista es un pícaro de clase baja, carente de familia honrosa y cercano a la delincuencia, de ahí que use el engaño y la estafa para conseguir sus objetivos. Saltándose a la torera las leyes de las personas que viven en una sociedad regida por la ética y la religión. Este tipo de historias de humor suelen ser autobiográficas, narradas en primera persona, como si el protagonista entonara el mea culpa y se confesara ante el público con intención de servir de ejemplo de lo que no hay que hacer. Hay un sentimiento de frustración o fracaso en la vida del pícaro ya que no consigue avanzar y ese pesimismo lo aleja cada vez más de la ideología moralizante que proponen las clases altas. En todo caso hay un sentido de critica satírica de la sociedad, presentándose el pícaro a sí mismo como la víctima de la hipocresía de los poderosos dueños a los que ha de servir. La realidad en su más cruda naturalidad siempre vence al idealismo o a los sueños futuros.

A pesar de que este estilo literario fue famoso en el siglo de Oro, ha pasado de ser un género de ficción a toda una realidad social en España, una forma de vida que practica y se vanagloria de ello. Quien no ha escuchado alguna vez: Si metes una moneda de 25 pesetas atada con un hilo en la cabina y luego tiras de ella, hablas gratis. ¿Sabes que tengo una tarjeta pirata para ver todos los canales de digital+?  y la más reciente: si te metes en internet puedes ver películas y descargarte música y videojuegos gratis. En todos estos ejemplos históricos hay un denominador común, la cuestión es contarle al amigo el descubrimiento de conseguir algo gratis, si puede ser saltándose las leyes y enorgullecerse por tal hazaña. Sí que es un poco como el oeste y los forajidos, quizá somos una mafia y no nos hemos dado cuenta, bueno, lo dejaremos en picaresca, que tiene más glamour.

La novedad y la diferencia con la picaresca del siglo XV entronca con lo paradójico de su crecimiento ya que hasta los que más tienen, los más caballeros, los ilustrados, también quieren mas, es más, cual Robin Hood, quieren regalar las propiedades de los demás, pero no a los pobres, sino a todo quisque. Perdonen ustedes pero a esto ya no se le puede llamar picaresca, esto es delincuencia encubierta en utopia. Es la verdadera crisis del ser humano actual, la carencia de valores éticos y morales. Conforme avanza la historia se van olvidando máximas clásicas que son las que sostuvieron los pilares de las más antiguas democracias y sentido de unión de seres civilizados. Hoy en día ya solo nos interesa ir deprisa y poner en duda las leyes y la propia jurisprudencia, o si no véase lo ocurrido con Bildu, que tras ser retirado de las elecciones por la Sala Especial del Supremo, esta misma noche el Constitucional le ha vuelto a dar luz verde. 

España, aquel estado de derecho que hace 35 años estrenaba las libertades, los derechos y las obligaciones, ha llegado a una juventud madura hecho unos zorros, como se dice vulgarmente, un país cuasi yonki, con problemas bipolares de comportamiento y que ha generado en su población un estrés constante y continuo de inestabilidad política, económica, social y sobre todo cultural. Sin duda una falta de educación en todos los sentidos domina el sentir diario, sin que a nadie se le ocurra empezar a mejorar la especie, al contrario, se están creando hombres primitivos virtuales, intransigentes 2.0. 

Arrastramos una picaresca que ha ascendido a la cima de los estratos sociales, así mientras unos se esfuerzan en progresar y en poner en practica formas de prosperidad, otros se quedan chupando del bote, aprovechándose de un defecto genético nacional.

Para neutralizar el mal sabor de boca que a todos nos causa el fracaso de nuestro país, entonaremos una literatura positiva y como dijo mi paisana María Isbert en su ultima entrevista televisiva «si no puedes hacer realidad tus ideales, haz ideales tus realidades. Hazlas bonitas» Sirva este gran mensaje de una gran creadora como lema para un nuevo genero literario que me acabo de inventar: “La Honraresca”.

 

 

  Antonio López Herreros

                                                                                                                   (Autor de P.I.: La contraseña)