Cuando la Ley Sinde impide ver el bosque.

Estamos en el quinto mes del año en curso, en plena campaña electoral autonómica, con la crisis económica en todo su esplendor, con el susto de un terremoto en Lorca, a las puertas del cierre de fronteras del espacio Schengen, y aguantando los improperios de la gente que usa las redes sociales como recipiente de sus frustrantes vomitonas. Un panorama que refleja la inseguridad de un país que fue algo en su momento y que ahora, vive un estrés diario aunque con la esperanza de salir adelante y olvidar los problemas.

 

En medio de este panorama para matar, como ocurría en la secuela James Bond, se ha fijado el blanco en una Ley que parece ser la causante del malestar de un colectivo cuyo lema avala la abstención en las elecciones, cuyo único fin pareciera ser, que cunda la desesperanza y la negatividad como solución social a nuestro país. Puesto que España como nación no puede ingerir un súper lexatin para calmar los ánimos, hay que mantener la mente ocupada y por ende a sus ciudadanos.

 

La Ley Sinde se ha convertido en el árbol que impide ver el bosque, nada más importa, es el Zeigeist a la española, el agujero donde empiezan y acaban todos los problemas, el argumento de los opinadores online. Para todos aquellos que no la conocen, esta mini Ley (digo mini porque haría falta algo más potente, pero por algo hay que empezar) incluida en la Ley de Economía sostenible, creaba un órgano dependiente del Ministerio de Cultura, una Comisión de Propiedad Intelectual, que se encargaría de salvaguardar los derechos de propiedad intelectual en internet, mediante la aplicación de un procedimiento administrativo en el que se podría conseguir el cierre de las paginas webs que comparten enlaces a contenidos protegidos. De este modo, se procederían a retirar de la red aquellas paginas que usen como atractivo, de cara a los usuarios, contenidos gratuitos sin autorización por parte de los autores y titulares. Ya que, a su misma vez, dichas paginas son un nido de publicidad que evidentemente, están generando unos ingresos a los dueños de las mismas. No en todas, pero si en gran medida, aunque sea 0.01 céntimos por clic, ya hay un lucro. El argumento en contra de la Ley originalmente viene a decir que dar la potestad a una Comisión en vez de a un Juez, emule, perdón, emula o tiene como fin quitar del juego a estos órganos imparciales que parece ser que dictaminan a favor de los usuarios que consumen esos contenidos no legalmente distribuidos.

 

Todo profesional que se precie y haya acumulado más de 10.000 horas de experiencia en su disciplina, estará de acuerdo que un argumento tan naif, elevado a burla del sistema judicial, no hace más que resaltar que los Jueces no son unos especialistas en propiedad intelectual ni en nuevas tecnologías. Porque por muy independientes e imparciales que sean no pueden pasar por alto datos como lo ocurrido en el pasado 2010, que un 80% de los contenidos culturales consumidos en España fueron descargados a través de Internet sin que sus legítimos propietarios dieran el permiso correspondiente. El principio de legalidad se tambalea cuando vemos que bajo el prisma de que en España la legitima defensa se condena, que los sistemas sucesorios estén tan poco desarrollados pareciera como si hubiera una lonja de sentencias. ¡La del Tribunal Constitucional, la tenemos fresca!

 

España está bipolar, y lo primero que hay que hacer para salir de un problema es reconocerlo. Reconocer que el 43% del software instalado en España (unos 834 millones de Euros) es pirata, según relata Europa Press. Al parecer como medida de “ahorro”, dicen las empresas. ¿No querrán decir “morro”? Reconocer que las editoriales apuestan por manuales para desobedecer la Ley Sinde que encabezan sus textos recomendando actuar como delincuentes como señala el artículo del ABC. La buena noticia la trae La Vanguardia al hablar de creación de empleo tras la aprobación de una nueva Ley de la Ciencia que augura ser un atisbo de solución a la fuga de cerebros en España.

 

Desde los clásicos hasta las más recientes teorías basadas en la física cuántica hacen hincapié en que un pensamiento positivo tiene muchísima más fuerza que uno negativo. Ampliar horizontes o dar la espalda al problema. ¿Cuál es el objeto? En mi opinión, la mejor forma de afrontar los problemas es solucionarlos, que no hacerlos más grandes o subdividirlos. Pero entre que las industrias culturales han tenido miedo a Internet desde 1998 como si fuera el coco y los expertos no han empezado a transmitir la información técnica hasta hoy, tenemos un lío montado que ya va siendo hora de desembrollar.

 

Si los partidos políticos, son los encargados del gobierno, de ellos es la obligación de cuidar y mantener alejada la corrupción. Si de los ciudadanos es la misión de generar prosperidad económica y social, hemos de disciplinar nuestra productividad. Si de los opinadores es labor opinar, que al menos el árbol no les impida ver el bosque. Porque un opinador, es como un psicólogo, que te pone información por delante para hacerte reflexionar y ver muchos puntos de vista diferentes, para que te aclares y desde tu propia duda empieces a generar tu propia confianza. Pero eso sí, siempre que se haga, que tenga un mensaje positivo.

 

P.d.: Bereis algunas faltas de hortografia, disculparme, ej que todabía no lo e ponido en el Twitter 🙂

 

 

 

Antonio López Herreros

(Autor de P.I.: La contraseña)