Google, luego existo.

La corte de apelación de Bruselas ha confirmado que la copia caché o copia de seguridad que hace Google automáticamente de las webs y de las noticias almacenadas en los servidores de internet, infringe los derechos de autor porque supone hacer una copia de esos contenidos sin autorización de los autores de las mismas. Me atrevo a añadir que ademas supone generar basura digital que también abunda en el famoso buscador. Un conflicto que muestra nuevamente que el hábito de copiar con tanta facilidad cualquier contenido hoy en día en internet, ya está poniéndose en evidencia hasta en los grandes monopolios de internet. De este y otros temas relacionados con “El futuro de las excepciones y  limitaciones en el entorno digital” se ha hablado, desde el plano académico con la presencia de los ponentes de mayor peso en Europa, en el I Congreso de Propiedad Intelectual celebrado en Madrid la pasada semana, con la colaboracion del Ministerio de Cultura y la Universidad Autónoma de Madrid.

 

Cual máxima cartesiana, que originó la duda metódica inspirada en Agustín de Hipona, afrontan los Estados miembros de la Unión Europea una serie de excepciones y limitaciones a los derechos de propiedad intelectual que chocan con la evolución económica y tecnológica del gigante Google. Recordemos que estos límites fueron implantados en nuestros ordenamientos por la transposición de la Directiva comunitaria 29/2001 sobre Derechos de Autor y que suponen una expropiación al titular de los derechos de autor en favor de los usuarios en unos casos concreto. Un numerus clausus que nuestro legislador ha copiado en la Ley de Propiedad intelectual española mediante un “corta y pega”, tal cual aparecen en la norma europea, ni uno mas, ni uno menos.

 

Esta lista cerrada de excepciones o limitaciones a los derechos de los autores que permiten usar las obras sin tener que pedir permiso a los dueños de las mismas. Por ejemplo cuando las obras son usadas por discapacitados, cuando sirven como ilustración a la enseñanza en entornos educativos, cuando se hace una parodia, cuando se trata de temas o noticias de actualidad, etc. Pero sin duda el límite más famoso al derecho de autor es el conocido como limite por copia privada en favor del usuario que haya accedido legalmente a la obra y que podrá realizar al menos una copia de la obra que ha comprado sin necesidad de solicitar autorización al autor.

 

Esto no quiere decir que esos límites al derecho de autor hayan de ser gratuitos, de hecho, la mayoría de los legisladores de los estados miembros han implantado una remuneración por dicha copia en favor del autor que recientemente con la sentencia de la Audiencia Provincial de Barcelona (que tantas ganas le tenia a SGAE) con el caso Padawan y que pidió ayuda al Tribunal de Estrasburgo a través de una cuestión prejudicial. La resolución Europea ha puesto de nuevo en duda, si la aplicación que se ha hecho en España sobre la copia privada es abusiva por extenderse esa tasa a usos empresariales de dispositivos de almacenamiento masivo, y que estarían fuera de los usos particulares. Eso es lo que la Audiencia Provincial de Barcelona sentenció e favor de una empresa que vendía productos de almacenamiento masivos para dispositivos electrónicos, alegando que no se pudo demostrar que esos dispositivos se hayan vendido a particulares.

 

Lo que está claro que actualmente con la evolución tecnológica se ha producido un desequilibrio entre los intereses de los autores, de los inversores y del público. Una de las alegaciones más habituales que se utilizan para hacer valer los limites es el interés general, pero tal y como se interpreta el interés general hoy en día, deja poco espacio a los intereses específicos. De ahí que tengamos que distinguir entre el interés público y el interés del público. Ya que no es lo mismo el derecho al acceso a la cultura que la apropiación de contenidos para intereses particulares. Si a esta confusión le añadimos la guerra que se ha desatado entre Jueces y Legisladores, llegamos a la conclusión que lo más importante es buscar una solución equitativa y crear un instrumento de ajuste adaptándolo a la evolución de la sociedad con mayor flexibilidad.

 

Ahí es donde entran en juego las corrientes americanas del fair use, que traducido al español significaría un uso razonable o uso legitimo que permiten un uso limitado de contenidos protegidos, sin necesidad de pedir permiso a sus autores Siempre que se analicen las limitaciones según cada caso en concreto, siempre que no entren en conflicto con la explotación normal de las obras y por ultimo que no perjudiquen injustificadamente los intereses legítimos del titular de los derechos, lo que en términos académicos se conoce como “la regla de los tres pasos”, que es la alternativa donde el juez se puede amparar porque el legislador lo ha incluido como una especie de micro excepción para micro comportamientos.

 

El fair use americano que parecen entrar con fuerza en los ordenamientos europeos, forma parte del derecho del Common Law, que es una corriente del derecho distinta al sistema continental europeo, en el que su diferencia más notable es que mientras es sistema americano fomenta el negocio y las ganancias de los empresarios, el europeo se basa en la protección de los autores, incluyendo además una protección de los derechos morales. Google, sin duda es un ejemplo americano de éxito empresarial utilizando contenidos de propiedad intelectual, algunos incluso sin autorización como hemos comentado al inicio, pero aun así el gigante de los buscadores es una oreja muy abierta en Bruselas porque parece ser la solución a las disyuntivas en cuanto a las cuestiones de los negocios digitales. “Quien genera riqueza, se le escucha más”, esta es una máxima que improviso viendo como se repite en los sistemas capitalistas.

 

Vamos hacia un mundo inmaterial, tanto de contenidos culturales o de entretenimiento, como la música, como del papel, como del papel moneda, como veremos con el nacimiento de los monederos virtuales y demás almacenamientos en la nube, donde ante todo ha de primar ante todo la seguridad de los particulares para un justo desarrollo empresarial. Por eso en los entornos digitales tenemos dos formulas a desarrollar en Europa, o bien optar por la flexibilidad americana, frente a la previsibilidad de nuestro modelo tradicional, sin que esa rigidez genere mayor incertidumbre. O bien, fomentar la seguridad en la adquisición de contenidos a través de nuestros documentos de identidad electrónicos, al igual que nos lo piden en una tienda cuando pagamos con tarjeta. Todo depende de la voluntad de todos en fomentar o no un desarrollo empresarial en lo que a nuestros derechos de propiedad intelectual se refiere, sin que la protección de los autores suponga un freno a la evolución económica de todos, que no de los monopolios.

 

Equilibrio para no desnudar la vulnerabilidad del autor y confianza para fomentar el desarrollo económico y tecnológico. Sigamos el patrón de Google, en cuanto a la prosperidad, porque es el que está generando cambios de fondo en la propiedad intelectual europea, y España, tarde o temprano, tendrá que reflejarlo en nuestras leyes de propiedad intelectual. Pero, para evitar un crack tecnológico, usemos la analogía antes de modificar las leyes sin ton ni son, porque como decía Montesquieu, “las leyes hay que tocarlas con manos temblorosas” o lo que es lo mismo, profesando un profundo respeto por el sistema jurídico y pecando de exceso de cautela y no de falta de ecuanimidad.

 

Antonio López Herreros

(Autor de P.I.: La contraseña)