La SGAE que colma el vaso.

 

Si hay algo que ha enervado en los últimos tiempos al público consumidor de propiedades intelectuales de los autores, artistas y productores ha sido la odiada “copia privada” que había que pagar a SGAE (entre otras entidades de gestión). Ya en su articulado se desprende farragosa, complicada, larga, imprecisa, pero en definitiva un derecho irrenunciable del autor, el cual solo es modificable por el Gobierno. En numerosas ocasiones la Ley de propiedad Intelectual (LPI), (la ley encargada de regular el trabajo de los creadores así como sus obras y su forma de recaudación de derechos), otorga al poder estatal la facultad de modificar, de solicitar explicaciones, de intervenir, etc., en los casos que fuera necesario. Y ahora, llegó el momento en el que se ha hecho necesario.

 

El público que consume las creaciones de los artistas se ha cansado de pagar por disfrutar obras. Este nuevo comportamiento contrario a la LPI, acaba siendo la tónica para dar una revisión al sistema de propiedad intelectual Continental o Europeo, que al fin y al cabo crea las directivas comunitarias que los estados miembros han de implementar a través de su legislación en materia de derechos de autor. Ese ha sido el caso del “canon digital” en España o como lo llama nuestra ley: compensación equitativa por copia privada (¿en fase de extinción?). En Inglaterra en cambio, quizá para evitar problemas, se declaró ilegal cualquier tipo de copia, como ocurre con el software. O sea, que tostar un CD de Bjork a un amigo en Londres es un delito. Claro que ahora con el lío de las escuchas telefónicas, ¿quién va a pensar en copiar Biophilia?.

 

En todo caso, la trama SAGA de SGAE, y todos sus presuntos implicados han desfavorecido la labor de divulgación de la propiedad intelectual, pues han ahumado la claridad de los conceptos más básicos que ha de defender una ley que protege los derechos de un creador: El derecho humano de crear y el respeto de los demás al trabajo realizado por un autor y un equipo de profesionales con el fin de satisfacer los gustos del público además de convertirse en la fuente de ingresos para el autor y vivir dignamente. Al final, los propios autores, aunque se demuestre lo contrario, hemos sido víctimas de nuestros gestores y criticados por la sociedad y de algún modo desprestigiados, y el Gobierno no ha hecho nada para evitarlo, a pesar de tener el privilegio por ley, de hacerlo.

 

Sin embargo, gracias al talento y genialidad de algunos creadores, se han podido forjar carreras artísticas en España que han sido referencia y modelo de negocio de cara a considerar la música e incluso el artista un valor añadido más allá de nuestras fronteras. Puesto que además del factor humano, la obra, una vez creada, y el artista una vez referencia de creadores, se convierten en una marca, que como sabemos, son las pegatinas que marcan la moda y distinguen a los países en su economía y progreso. Pues bien la economía artística en España ya se ha desplomado del todo, al igual que ha ocurrido con otros sectores, excepto la banca, según mi compañera de Bikram Yoga, Elena Salgado, alias Ministra de Economía.

 

Es entendible que, en estos momentos en concreto, la sabia joven deseosa de realizar su fotosíntesis, se haga oír, porque ya ni siquiera existe el mileurismo. Entre sus múltiples propuestas, en la materia que nos ocupa, el copyleft (movimiento contrapuesto al modelo tradicional de derecho de autor o copyright como le llaman en los países del Common Law o anglosajones) cobre protagonismo. Porque los nuevos creadores cuya inspiración nace en Internet y en el #shareisgood (compartir es bueno) necesitan seguir expresándose y lo que desde hace algunos años viene siendo un movimiento liderado por Linux y Wikipedia como estandartes de crecimiento a base de compartir conocimiento. Se quiere empezar a consolidar como un formato nuevo a elegir por los nuevos autores, y que sea reconocido por la LPI, en forma de lo que conocemos como entidad de gestión recaudadora de derechos.

 

Como explico de forma hiper sencilla, en “P.I.: La contraseña”, libro que habla sobre los derechos de autor, y respondiendo a la pregunta de “¿cómo se pagan estos derechos a los autores, artistas y productores?” a lo que se responde explicando que “existen unas oficinas que se encargan de vigilar y recaudar lo correspondiente de todas las obras. Estas oficinas son las entidades de gestión y podemos hacernos socios registrando allí nuestras obras publicadas, para que ellos se encarguen luego de pagarnos.” Aquí es donde ha fallado la SGAE, supuestamente. Ya que, como describo en el manual “las entidades de gestión son nuestro representante para la gestión de los derechos que nos concede la LPI”. Entonces, si son nuestro representante y los autores pierden su confianza en el pues es probable que los nuevos creadores que quieren experimentar la oportunidad de mostrar su talento al mundo puedan elegir entre estas o lo nuevo, como menciono en el libro. “Siempre que queramos, podemos asociarnos a ellas a no ser que queramos autogestionar nuestra obra”. En todo caso, ambos modelos están conviviendo desde hace tiempo. Uno, el tradicional, respaldado por la ley desde 1879 y otro, las licencias Creative Commons, respaldadas por los usos y costumbres del sector de la informática y más discretamente, en el caso de la literatura, la música y el audiovisual.

 

Dice un refrán: No hay mal que por bien no venga, y quizá necesitábamos una ayuda, para intentar que llueva a gusto de todos. Por eso considero que lo ocurrido en SGAE ha sido providencial, porque nos ha abierto los ojos a todos. Se nos han desatado las alertas de seguridad en cuanto a la confianza en nosotros mismos, en el público, en el gobierno (bueno, de esto ya se encargó él mismo con su la pésima gestión y el movimiento de conciencia colectiva 15M, indignándose). En definitiva, si en crisis lo único que nos puede distraer, que es el entretenimiento, también deviene en imagen corrupta, hay que hacer algo, que realmente nos alegre y satisfaga a todos. Por eso, como especialista en la materia y a petición de mis contemporáneos abro mi espectro a la Costumbre como fuente de derecho interno para compartir mis conocimientos jurídicos, artísticos y tecnológicos con los diferentes pensamientos en torno a esta rama tan romántica y moderna del derecho, en aras de lograr una mediación necesaria cuyo fin es reformar lo preciso a la vez que impulsar lo merecido.

 

El sistema tradicional de derechos de autor, tendrá que pasar por el equipo de cirujanos (vayamos preparando el Pré operatorio) y adecuarse a los cambios que la sociedad está sufriendo. Sin perder la esencia del respeto al creador y su dignidad laboral como derecho humano reconocido. Habrá que estar atentos al factor consumo del entretenimiento y como se regula. Evitar la repercusión al usuario de cualquier tasa que corresponda al fabricante, y lo más importante, que las empresas de telecomunicaciones participen más activamente del pago de los derechos de autor de forma justa y equitativa, ya que en definitiva son las que más los necesitan para ofrecer contenido a sus clientes y llenar esa banda tan ancha de trafico y descargas a la velocidad que presumen en sus publicidades.

 

Para empezar a despegar en esta dirección me gustaría que os empezaseis a familiarizar con esta nueva formula que he creado para fomentar este reparto justo: “La filosofía del clic: tanto cliqueo, tanto gana el autor”. Como resultado de este método, una nueva entidad de gestión (que se está gestando en este artículo) actuaría como subconjunto o intersección en las actuales entidades de gestión para ofrecer la posibilidad de recaudar los derechos de autor y los de gestión colectiva reconocidos por ley. De este modo el autor (sin exclusividad), puede elegir que obras de su repertorio están libres de gestión y cuales están gestionadas por ambas entidades en conjunto. Como vemos, esta filosofía y su herramienta que os ofrezco, se hará compatible y podrá aplicarse a las actuales entidades de gestión (SGAE, AIE, AISGE, AGEDI, EGEDA, VEGAP, CEDRO Y DAMA).

 

Puesto que esa pureza que concede el nacimiento es lo que la hace única, se podrá optar por asociarse únicamente a esta asociación nueva. Por ser la primera entidad de gestión del siglo XXI basada en el “free sharing” (compartir libremente). De este modo la GAME (GESTIÓN DE AUTORES MULTIDISCIPLINARES DE ESPAÑA), partiendo de la base del eclecticismo disciplinar del nuevo artista del siglo XXI, podrá reclamar, según el número de clics, como anticipaba, los derechos de autor que por ley correspondan. En especial, aquellos derechos de gestión colectiva obligatoria, de los autores, de los artistas y productores referentes al alquiler y comunicación publica (con pago de entrada o sin ella) de sus obras musicales y audiovisuales.

 

La crisis del sistema europeo actual del derecho de autor, que ya venia anticipando Google en Bruselas, pues no se corresponde con los modelos de negocio actuales, recuerdan a aquella época en la que “el vídeo mató a la estrella de la radio”, solo que en esta ocasión, en vez de VHS, BETA y 2000, como formatos a elegir, tenemos el COPYRIGHT el COPYLEFT y entre las dos, el GAME, la herramienta que las hace interactuar, como si de una interface necesaria se tratase.

 

Las civilizaciones antiguas y me atrevo a decir también las futuras, se reirían de nosotros, al ver que algo tan apasionante como la creación nos sirve de excusa para crear más conflicto. Ya pasamos la Edad Media, ya se quemaron libros y ya se condenaron grandes genios de la humanidad. Dejemos por fin de vivir, como he dicho en alguna ocasión, en un “Feudalismo Informado”, pues necesitamos crecer como seres humanos, que tendemos por inercia e intuición a la evolución, cuya definición en la acepción 2ª del diccionario de la RAE es: “Desarrollo de las cosas o de los organismos, por medio del cual pasan gradualmente de un estado a otro”.

 

Como jurista y como artista, pero sobre todo como humanista virtual, considero que la influencia cibernética en el hombre, eleva a la máxima potencia sus valores universales. Y más que encorvarlo hacia un plasma, le abre una ventana al cosmos, dotándole de la apertura mental necesaria para pasar de pantalla en este proceso vital que nos ha tocado jugar: la EXISTENCIA HUMANA. Forma de vida que desde sus orígenes ha pretendido dejar su legado por escrito. De ahí que haya decidido presentar por esta vía y en mi propio BLOG DE P.I. esta iniciativa, a la que espero os suméis, tanto autores, como artistas, productores y juristas, para, entre todos, reunir los requisitos necesarios para su reconocimiento legal.

 

Completando una sentencia que antes me horrorizaba os saludo cordialmente: “No se pueden poner puertas al campo, pero si buena simiente.

 

 

Antonio López Herreros (N.2..1)

Autor y Jurista de P.I.

 

 

Súmate a la iniciativa GAME.