Nuevos modelos de gestión de derechos

Es entendible que, en estos momentos en concreto, la sabia joven deseosa de realizar su fotosíntesis, se haga oír, porque ya ni siquiera existe el mileurismo. Entre sus múltiples propuestas, en la materia que nos ocupa, el copyleft (movimiento contrapuesto al modelo tradicional de derecho de autor o copyright como le llaman en los países del Common Law o anglosajones) cobre protagonismo. Porque los nuevos creadores cuya inspiración nace en Internet y en el #shareisgood (compartir es bueno) necesitan seguir expresándose y lo que desde hace algunos años viene siendo un movimiento liderado por Linux y Wikipedia como estandartes de crecimiento a base de compartir conocimiento. Se quiere empezar a consolidar como un formato nuevo a elegir por los nuevos autores, y que sea reconocido por la LPI, en forma de lo que conocemos como entidad de gestión recaudadora de derechos.

Como explico de forma hiper sencilla, en “P.I.: La contraseña”, libro que habla sobre los derechos de autor, y respondiendo a la pregunta de “¿cómo se pagan estos derechos a los autores, artistas y productores?” a lo que se responde explicando que “existen unas oficinas que se encargan de vigilar y recaudar lo correspondiente de todas las obras. Estas oficinas son las entidades de gestión y podemos hacernos socios registrando allí nuestras obras publicadas, para que ellos se encarguen luego de pagarnos.” Aquí es donde ha fallado la SGAE, supuestamente. Ya que, como describo en el manual “las entidades de gestión son nuestro representante para la gestión de los derechos que nos concede la LPI”. Entonces, si son nuestro representante y los autores pierden su confianza en el pues es probable que los nuevos creadores que quieren experimentar la oportunidad de mostrar su talento al mundo puedan elegir entre estas o lo nuevo, como menciono en el libro. “Siempre que queramos, podemos asociarnos a ellas a no ser que queramos autogestionar nuestra obra”. En todo caso, ambos modelos están conviviendo desde hace tiempo. Uno, el tradicional, respaldado por la ley desde 1879 y otro, las licencias Creative Commons, respaldadas por los usos y costumbres del sector de la informática y más discretamente, en el caso de la literatura, la música y el audiovisual.

Dice un refrán: No hay mal que por bien no venga, y quizá necesitábamos una ayuda, para intentar que llueva a gusto de todos. Por eso considero que lo ocurrido en SGAE ha sido providencial, porque nos ha abierto los ojos a todos. Se nos han desatado las alertas de seguridad en cuanto a la confianza en nosotros mismos, en el público, en el gobierno (bueno, de esto ya se encargó él mismo con su la pésima gestión y el movimiento de conciencia colectiva 15M, indignándose). En definitiva, si en crisis lo único que nos puede distraer, que es el entretenimiento, también deviene en imagen corrupta, hay que hacer algo, que realmente nos alegre y satisfaga a todos. Por eso, como especialista en la materia y a petición de mis contemporáneos abro mi espectro a la Costumbre como fuente de derecho interno para compartir mis conocimientos jurídicos, artísticos y tecnológicos con los diferentes pensamientos en torno a esta rama tan romántica y moderna del derecho, en aras de lograr una mediación necesaria cuyo fin es reformar lo preciso a la vez que impulsar lo merecido.